La gran mentira de la «Bolsa de Horas» (Parte 1)

Cómo los contratos leoninos están matando la ingeniería de software

Llevo años navegando el mundo de la consultoría TI y, si algo me ha quedado claro tras los últimos procesos de contratación (RFP) en los que he participado, es que el modelo de contratación actual está roto. Las grandes corporaciones están jugando a un juego peligroso donde las reglas financieras asfixian a la ingeniería, y el resultado final no es ahorro, es mediocridad sistémica.

Hoy quiero hablar de una realidad incómoda: por qué las empresas de tecnología ya no deberíamos cobrar por horas y cómo la obsesión corporativa por la tarifa mínima está destruyendo la calidad del software.

La paradoja del «Senior» barato

En los últimos meses, he visto pliegos de contratación que parecen cartas a Santa Claus. Las corporaciones exigen perfiles «Senior» con listas interminables de requisitos: años de experiencia específica, dominio de nubes públicas, arquitecturas modernas y certificaciones costosas. Hasta ahí, todo lógico; quieren a los mejores.

El problema surge cuando abres el sobre de la propuesta económica. Esperan pagar tarifas que, sencillamente, no cubren el costo de un profesional de ese calibre. Estos contratos leoninos transfieren todo el riesgo al proveedor, exigen pólizas por el 100% del valor, imponen multas agresivas por cualquier desviación y, a la vez, fijan precios por hora que hacen inviable contratar al talento que dicen necesitar.

¿El resultado? Una fractura en el mercado. Mientras las empresas serias preferimos dar un paso al costado antes que sacrificar la calidad, otras optan por la mentira como estrategia de supervivencia. Para que a estas últimas les cuadren los números, el ‘Senior’ que venden en el papel es, en la práctica, un Junior con suerte.

El síndrome del «Loro de la IA»

Esta presión financiera tiene un impacto directo en la trinchera técnica. Durante el último semestre, tuve la tarea de entrevistar a decenas de candidatos para cumplir con estas demandas de volumetría. Lo que encontré fue alarmante y confirma mi teoría de la decadencia de la ingeniería pura.

Me encontré con una generación de desarrolladores que saben recitar definiciones de memoria, probablemente aprendidas 5 minutos antes con ChatGPT. Pero cuando rascas la superficie, no hay fundamento.

Les ponía un escenario clásico: «Hablemos de los principios SOLID». Inmediatamente, recitaban la definición de diccionario de cada letra. Perfecto. Pero luego les planteaba el reto real: «Explícame cómo el polimorfismo o el encapsulamiento de la Programación Orientada a Objetos facilitan cumplir, por ejemplo, con el Principio de Abierto/Cerrado (OCP)».

Silencio absoluto. O respuestas incoherentes.

Son incapaces de conectar los puntos. Saben el qué (la definición), pero no el por qué ni el cómo. Esto es lo que yo llamo «ingenieros de prompt»: recitan lo que una IA les dice, pero carecen de la ingeniería profunda necesaria para construir sistemas robustos. Y no es culpa exclusiva de ellos; es culpa de un mercado que paga por «horas-hombre» baratas en lugar de por capacidad intelectual y soluciones.

El costo oculto de la mediocridad

Cuando las grandes corporaciones obligan a los proveedores a competir por centavos en una subasta inversa de tarifas horarias, las únicas empresas que pueden ganar son aquellas dispuestas a sacrificar la calidad técnica.

Estas empresas llenan las sillas (o las conexiones remotas) con perfiles baratos que «hacen que saben». El código se escribe, sí. Las funcionalidades se entregan, a veces. Pero lo que queda detrás es un software frágil, difícil de mantener, imposible de escalar y lleno de deuda técnica desde el día uno.

Estamos llenando los sistemas críticos de los bancos y aseguradoras con «código espagueti» escrito por personas que no entienden la arquitectura de software, simplemente porque el contrato no permitía pagar a quien sí entendía.

Al final, la corporación cree que ahorró dinero pagando una tarifa horaria baja. La realidad es que compró un activo digital mediocre que le costará el triple mantener y actualizar en el futuro.

Esta es solo la primera parte del problema.

En la Parte 2, analizaré por qué este modelo de «cobro por horas» es el peor enemigo de la innovación. Veremos cómo, si una empresa de tecnología decide ser eficiente y usar Inteligencia Artificial de verdad, el modelo actual la castiga y la lleva a la quiebra.

¿Les ha pasado? Los leo en los comentarios.

Deja un comentario